Youssef Nabil
Obsesiones
por Martha Zamora

El fin de una obra de arte es producir un efecto, no reportar un hecho. Esta verdad absoluta se comprueba en la exposición del siglo veintiuno de Youssef Nabil, que produce en el espectador una impresión indeleble, combinación de deseo de una comprensión más profunda de esas imágenes transmisoras de historias así como de una mayor información respecto a la casi desaparecida técnica de la coloración manual que logra sobre fotografías en blanco y negro.
 
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Todas mis forografías son historias" dice el autor autodidacta, quien absorbió el oficio mientras aprendía de manera práctica en los estudios de David Lachapelle y Mario Testino en Nueva York y París. Aunque el arte de colorear se ha perdido en muchos países, en Egipto hubo al menos dos artistas que lo practicaron en el pasado reciente: Van Leo y Youssef Selim. Ahora permanece vivo y modernizado en la obra de Nabil, que va adquiriendo sus propias armonías.
 
La iconografía personal de Nabil tiene su propia calidad narrativa de índole absolutamente cinematografíca. Fue el cine su primera vocación, pero al verse truncada por circunstancias fuera de control del artista, canalizó empeños hacia la fotografía fija que rodea de toda una atmósfera y una producción. Crea totalmente un ambiente y lo decora a veces hasta hacerlo palpable, ver La Rose du Caire - Natacha Atlas 2000.
En ciertas imágenes, con el paso de su inteligencia por las emulsiones, invita al espectador a completar la historia y en el proceso, a hacerla suya, como en la desgarradora imagen bautizada Seeing myself leaving 2000, donde el rojo intenso de la sangre, que se acerca a quien la mira, invade nuestro espacio vital y nos sumerge en su mundo.
 
Es quizás esa obsesión por la sangre la que lo acerca, a través del espacio, a otra artista de tierras lejanas que Nabil ha visitado: Frida Kahlo, la Frida de México. La piel del artista de la lente se adhirió a las tierras altas, floridas y espinosas, y la herida abierta de su amor por ella cicatrizó en la fotografía que recrea el Autorretrato con Collar de Espinas de 1940. Es otra mujer y otro momento de la historia. Es la misma angustia y el inmenso tributo a una obra original como resultado de un proceso de apropiación - creativo y cuidadoso - de la artista mexicana.
 
Nabil se nutre de obsesiones y las alimenta para que subsistan, porque sabe que, cuando el análisis y la instrospección limpia el alma, hay quien despierta a la perplejidad de un vacío blanco. Quizás así se pudiera purificar y liberar de la fecunda asimetría que es un camino personal del alma, aunque con ello quedaría también estéril y plano.
 
Una fotografía memorable debe ir más allá de la imagen fija para conservar o identificar. Debe entrar hacia el fondo del ser humano. Los retratos del artista egipcio nos hacen conocer al sujeto profundamente, percibir su personalidad en la forma total
'Mona Lisa 2001' y la serie de 'Natacha Atlas 2000' o 'Youssra 2000'. Sus modelos son de un material maleable, y los dirige como si se tratase de actores, les narra su nueva realidad, los incorpora a su sueño por más remoto que éste sea, My Frida 1996 y La Joconde 2001.
 
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Tomo imágenes congeladas de mi propia mente y cada una de ellas corresponde a una historia, una idea, un sentimiento... Simplemente tengo que decir algo" explica Youssef.
 
Aunque se entrega totalmente a la concepción plástica de cada imagen, que puede llevar horas o días, ver 'Body 2000' posada por Fifi Abdou o 'The place where I Sleep every night 2000' posada también por Fifi Abdou, la más famosa bailarina de vientre de
Egipto y todo el Oriente Medio.
 
Sabe Nabil que por los ojos de sus artistas los pueblos aprenden a ver. Le inquieta desde temprana edad la necesidad de trascender, de probar que dar fruto es la única manera de demostrar que se ha vivido y lo explica: "Trato de construir mis fotografías en dos niveles. Si se comtempla superficialmente puede considerárselas, quizás, como una buena fotografía, pero, si el espectador se permite interiorizar más en ella, espero que sienta algo más, que es el mensaje escondido dentro. Lo único que pienso cuando estoy tras la cámara es que quiero hacer ese momento dure para siempre. Quiero alcanzar la eternidad a través de mi trabajo. "Soy consciente de que todos moriremos, pero al menos quiero dejar algo que viva eternamente".
Uno de estos días, como Byron, podrá decir: "Me desperté una mañana y me encontré famoso."

Martha Zamora, autora de Frida Kahlo - El pincel de la angustia
México, D.F., marzo 2001
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